En esa época, sin saber por qué, me sentía en una etapa de inocencia perdida y sin capacidad de apreciar la realidad. Quizá por todo lo que estaba viviendo en torno al teatro... no sé. Por lo que no supe valorar tal experiencia del significado del carnaval.
De chica lo había vivido, pero nunca más. Lo consideraba como el significado de asombro, el hecho de ser parte directa de la infancia. Pero al llegar al último día de la celebración del Carnaval de Colonia, en Alemania, lo pude volver a sentir.
''Caramelos'', era la palabra que se gritaba al aire en ese idioma que tanto me había costado digerir. Pero el hecho de que me sintiera tan bien bajo la lluvia, me hacia sentir la verdad de lo que es el carnaval por primera vez. Eso, que tantas veces me había cuestionado.
La lluvia tenía la peluca fucsia que llevaba puesta completamente mojada. Y las pestañas doradas y largas ahora estaban agachadas como camellos. Y yo solo podía hacer una cosa. Gritar ''Kamelle'' (caramelo, dulce, golosina). Ya que, centenares de carros alegóricos y personas disfrazadas caminando al compás de diferentes músicas pasaban y arrojaban interminables lluvias de dulces que se mezclaban con las gotas del cielo.
Mi asombro era monumental y había logrado volver a sentir lo que era inocencia que creía tan perdida.
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